El valle largo que esta casa envuelve; El manto de tierra
seca que flota en el aire; Huertos ricos. La buona fortuna; Las
miles curvas en subida para llegar hasta acá arriba; La
aleatoria ingestión de carbohidratos.
Mis ojeras que juegan una carrera, para ver, quién de ellas
llega primero al mentón; Mi organismo confundido, sin
horario. Perdido. Cansado. Maltratado por turbinas, y algún
que otro malentendido idiomático.
La belleza del paisaje, que se deja relatar-- sin mucha vuelta que
digamos--. Los perros que de cólera no callan, en la noche. Le
ladran frenéticos al viento y a la nada. Aullan a la maleza y a
la luna; Los forros mosquitos que musicalizan mi desvelo.
El ocio malevo que a mi creatividad negrea. El embole mío,
que de lo dulce se alimenta, y mi palma hundida en mi mejilla.
Mi libido al palo. Como nunca, como siempre.
Ella.
Son cosas en las que pienso cuando no puedo dormir.
Y quien fermenta la gresca entre un sentimiento autónomo,
sin propietario y la esterilidad de mi razonamiento.