Oda al viento.

¡Oh, suspiro de dioses! viento salvaje.

Sopla con fuerza, vigor

Convierte en tempestades los vahajes.


¡Oh, viento! Espíritu puro, mi mejor mentor.

Si hasta mi piel desnuda redimida del pudor

Depreca tu humildad y potencia para desprender el dolor

Que en ella quedó impregnado

Por gotas saladas, de tanto llorar.


Arrástralo, llévatelo lejos.

Enciérralo en algún cofre añejo

Y escóndelo en las oscuridades

Donde no lo padezca ni siquiera de viejo.


¡Oh, aire musical! Tangible y omnipresente

Sin límites, excelso, y hasta fría tu corriente:


Remolca mis plegarias hacia oídos de alguien

Que pueda resolver mi acucia de olvidarla

Para siempre.

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Análisis.